Nada en la historia está escrito para siempre. Lo que vaya a ser el destino de un país o el destino de cada una de nuestras vidas depende en buena medida de las decisiones que tomemos en cada momento. Hay un ámbito de decisión que supone hacer uso de nuestra irrenunciable libertad: colectiva, cuando se trata del destino de una comunidad política, o individual cuando tiene que ver con el rumbo de la existencia de cada individuo. Por eso es que no hay que dejar de repetir que México está en un momento clave de su historia. Lo ha estado con anterioridad, sin duda alguna; lo volverá a estar en el futuro, desde luego. Pero hoy nos toca a nosotros, los mexicanos del siglo XXI, aportar rumbo y decisión a la peripecia histórica del país. Las circunstancias actuales, vistas a través de un lente de aumento, permiten avizorar dos rutas posibles para el país: la ruta de la modernización, el crecimiento económico y el desarrollo de la calidad de vida de sus habitantes: o bien la ruta de la barbarie, del incremento de la inseguridad y del desastre económico. Hay signos que hacen posibles las dos hipótesis…