En el año 2008 se dio tal vez la más importante reforma, que en materia penal se haya realizado en nuestro país. Pasamos, del sistema inquisitivo de carácter penal al sistema acusatorio, en un abrir y cerrar de ojos.
Los cambios se hicieron para resolver el grave conflicto nacional que se tiene en materia de inseguridad, amén de la ausencia de credibilidad en todos los ámbitos jurídicos.
Los legisladores mexicanos consideraron que era momento de abrirse a la modernidad, representada por los juicios orales, cuyas principales características son: el absoluto respeto a la dignidad humana, la libertad, la igualdad, la imparcialidad y la legalidad.
Los cambios han causado gran impacto en el ámbito jurídico; por supuesto, se han dividido las opiniones; algunos consideran que los juicios orales serán una excelente opción para terminar con la inmoralidad en los tribunales y, sin duda, en las agencias del Ministerio Público; otros, por el contrario, creen que los juicios orales no resolverán ningún problema, más bien, incrementarán el burocratismo y la desesperanza.
Los juicios orales se sustentan en varios principios, que son elocuentes y esperanzadores. Entre ellos se encuentran la publicidad, la contradicción, la concentración, la continuidad y la inmediación.
Ciertos autores exponen que los juicios orales son esencialmente democratizadores, al colocar a las partes en igualdad de condiciones.
Lo cierto es que los juicios orales le otorgan a la víctima y a los ofendidos del delito un papel preponderante, en especial, se les considera parte del proceso penal, situación que se les venía negando injustamente.
La mejor forma de conocer si los juicios orales tienen éxito, es caminando por ese sendero.
Esta obra tiene la finalidad de familiarizar a los estudiantes de derecho con los juicios orales penales. En el desarrollo de este libro se siguen lineamientos del programa oficial de la misma asignatura en la Facultad de Derecho.